Tu profesión

Cuánto cobrar por hora como fontanero (y qué entra ahí)

Fontanero trabajando en una instalación, herramienta en mano
La hora que cobras no es solo la que pasas con la llave en la mano.

En 30 segundos: nadie te va a dar el número. Lo que sí se puede es armarlo: tu precio son tres piezas —la salida, la mano de obra y los materiales—, y el punto de partida es tu suelo (lo que necesitas ingresar entre las horas que de verdad facturas). Dos avisos que evitan discusiones: las urgencias se deciden antes, no al facturar; y la proporción de material puede cambiarte el IVA de esa factura.

¿Cuánto se cobra la hora de fontanero?

Empecemos por lo honesto: el número que buscas no está en ninguna tabla. Y el que te lo dé en un grupo de WhatsApp no conoce tus gastos, ni tu furgoneta, ni cuántas horas facturas de verdad al mes.

Lo que sí tiene respuesta es tu suelo: lo que necesitas que entre cada mes, dividido entre las horas que realmente cobras (que nunca son las que trabajas). Esa cuenta, con su ejemplo, está en cómo poner precio a tus servicios. Hazla antes de seguir leyendo: todo lo demás se apoya ahí.

Y un aviso sobre los precios que oyes por ahí: no son comparables. Uno incluye el desplazamiento y otro lo cobra aparte. Uno lleva IVA y otro lo dice sin. Comparar esas dos cifras es comparar dos cosas distintas con el mismo nombre.

Tu precio no es una hora: son tres piezas

Cuando pasas un precio, en realidad estás juntando tres cosas:

La salida. El tiempo de llegar es tiempo tuyo. Puedes cobrarlo aparte —una cantidad fija por desplazamiento— o meterlo dentro del precio por hora. Las dos opciones son válidas; lo que no funciona es que no esté en ninguna de las dos.

La mano de obra. Las horas del trabajo, a partir de tu suelo. Aquí es donde se decide si el oficio te da de vivir o te entretiene.

Los materiales. Lo que pones tú, con su margen: los has comprado, los has traído y respondes de ellos.

Por eso dos fontaneros que dicen precios por hora distintos muchas veces no cobran distinto: reparten distinto. Cuando digas el tuyo, di qué lleva dentro.

Las urgencias se deciden antes, no al facturar

Que un aviso a las once de la noche vale más que uno de un martes por la mañana ya lo sabes tú, y lo sabe el cliente mientras te llama a esa hora.

Así que el problema no es cuánto vale: es cuándo lo dices. Si la urgencia no tiene precio pensado de antemano, pasa siempre lo mismo —lo acabas regalando, porque a las once de la noche, con el agua por el suelo, no es momento de negociar—. Ten tu criterio decidido y dilo al coger el aviso, no cuando mandes la factura.

La proporción de material puede tocarte el IVA

Este es el que casi nadie ve venir, y no es un detalle comercial: es fiscal.

En ciertas reparaciones y reformas en la vivienda de un particular cabe aplicar el 10 % en vez del 21 %, pero solo si se cumplen todas sus condiciones —y una de ellas mira justo lo que estamos hablando: que el material que aportas tú no pase del 40 % de la base de la factura. Lo dice la Ley del IVA, y no es una regla que se pueda forzar troceando papeles: si en ese trabajo pones tú la caldera, lo probable es que ya no encaje ahí — y entonces va al 21 % la factura entera, no solo el material.

Lo práctico: si el material va a pesar mucho, mira el caso antes de dar el precio, no después de hacer la obra. Las condiciones del 10 %, con ejemplos, están en el IVA de las reformas; y cómo queda todo eso escrito en el papel —el IVA que pones y por qué tú no llevas retención—, en cómo hacer una factura de fontanero.

Y cuando lo digas, di si es con IVA

A Doña Carmen dile el precio final. Es el que va a pagar y el único que entiende: un particular no se descuenta el IVA de nada. Si le dices un precio por hora y luego aparece un 21 % encima, la discusión no la tienes por caro: la tienes por poco claro.

Con una empresa o un autónomo es al revés: como ellos sí pueden deducirlo, lo normal es hablar en precios sin IVA. Misma cifra, conversaciones distintas.

Preguntas rápidas

¿Cobro la visita si al final no hago el trabajo? Es tu decisión, pero decídela y dila al teléfono. Ir a ver una avería es trabajo: si no lo cobras, que sea porque quieres, no porque no te atreviste a decirlo.

¿Y si el cliente me compara con uno más barato? Pregunta qué incluye el otro precio. Muchas veces la diferencia no está en la hora: está en la salida, en el material o en el IVA.

¿Precio por hora o precio cerrado? Por horas te protege en lo imprevisible (una avería que no sabes qué es). El precio cerrado tranquiliza al cliente en lo previsible (cambiar un termo). No tienes que elegir uno para siempre: elige por trabajo.


Y cuando el precio ya está claro, que la factura no te robe la tarde: Deva está hecha para eso.

El precio de un trabajo de fontanería, desarmado en sus tres piezas. Primera pieza, la salida: el desplazamiento y el tiempo de llegar, que se cobra aparte o va metido en la hora, pero nunca gratis. Segunda pieza, la mano de obra: las horas de trabajo, que salen de tu suelo, es decir de lo que necesitas ingresar dividido entre las horas que de verdad facturas. Tercera pieza, los materiales: lo que tú pones, con su margen. Al pie, dos presupuestos del mismo trabajo con precios por hora distintos que acaban en el mismo total, porque uno mete la salida dentro de la hora y el otro la cobra aparte. La conclusión: dos precios por hora solo se pueden comparar si incluyen lo mismo, así que cuando digas el tuyo, di qué lleva dentro y si es con IVA.
El mismo trabajo, dos precios por hora distintos y el mismo total: depende de qué meta cada uno dentro de «la hora».

Preguntas frecuentes

No hay una cifra que puedas copiar: depende de tus gastos, de tus horas facturables y de qué metas dentro de esa hora. Lo que sí puedes calcular es tu suelo, que es lo que necesitas ingresar dividido entre las horas que de verdad facturas. Por debajo de ahí, pierdes dinero trabajando.