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Cómo hacer un presupuesto que te cierre el trabajo

En 30 segundos: un presupuesto no se gana por barato, se gana porque el cliente entiende qué compra. Escribe qué incluye, qué no incluye, cuándo puedes hacerlo y hasta cuándo mantienes ese precio. Cada duda que no contestes es un mensaje más y un día más sin respuesta. Y una cosa que conviene tener clara desde el principio: el presupuesto no es la factura.

Cómo hacer un presupuesto que no se quede sin respuesta

Si eres autónomo, esto te sonará: mandas el precio, el cliente dice «te digo algo» y ahí se queda la cosa. La conclusión fácil es que había alguien más barato. Casi nunca es eso.

Cuando alguien pide tres presupuestos no está comparando precios: no puede. Tres papeles que ponen «reforma de baño» y tres cifras distintas no se comparan, se sortean. Lo que compara de verdad es lo que entiende de cada uno. Y el que se entiende gana, aunque no sea el más bajo.

Luis pide precio para cambiar un termo. Uno le manda «cambio de termo, 480 €». Otro le manda las seis líneas de lo que va a hacer, el termo con su marca y su capacidad, el aviso de que la llave de paso está agarrotada, y el día que puede ir. El segundo puede ser más caro y aun así lo elige: es el único que le ha dicho qué va a pasar en su casa el martes.

Lo que tu presupuesto tiene que contestar

Sin que te lo pregunten, que es de lo que va esto:

  1. Qué vas a hacer, tarea por tarea. «Reforma de baño» no es un trabajo, es un titular.
  2. Qué no entra en ese precio. Es la línea que menos se escribe y la que más discusiones ahorra: los materiales que pone el cliente, la retirada de escombros, la pintura de después.
  3. El precio, y si lleva IVA o no. Dicho con todas las letras, no dado por supuesto; y si el cliente es un particular, con el total con IVA a la vista.
  4. Cuándo puedes empezar y cuánto te lleva. Muchas veces esto pesa más que la cifra.
  5. Hasta cuándo mantienes ese precio. Normalmente lo decides tú —un mes, quince días—, salvo en los oficios en los que la ley pone un mínimo (lo tienes en las preguntas de abajo). Sin esa línea, te tocará discutir con el cliente que aparece en marzo con tu precio de octubre.
  6. Cómo se paga. Y si vas a pedir una señal, dilo aquí — aunque cobrarla tenga sus propias reglas.

Lo que es mejor dejar fuera

Los precios de mentira. Poner «orientativo» en todo es decirle al cliente que ese papel no vale para nada. Si hay algo que de verdad no puedes cerrar hasta abrir la pared, acótalo: esa partida, y con un tope.

El folio de condiciones. Cinco líneas claras se leen; dos páginas de letra pequeña se archivan.

Las etiquetas sobre lo que el papel vale o deja de valer. No le hace falta ninguna coletilla: un documento se define por lo que lleva dentro, no por el rótulo que le pongas encima.

Un presupuesto no es una factura

En corto: un presupuesto es una oferta. No es una factura, y tenerlo aceptado no te ahorra facturar después. Por qué el nombre del documento no es lo que manda está desmenuzado en qué es una factura proforma y qué no.

Y lo que llega solo: si ya sabes cuánto cobrar, esto es cómo se lo cuentas. Si todavía no, empieza por cómo poner precio a tus servicios.

Preguntas rápidas

¿Y si el cliente me pide que le baje el precio? Antes de tocar la cifra, mira la lista: casi siempre se puede quitar trabajo en vez de quitar dinero. Bajar 200 € sin quitar nada le enseña que tu primer precio estaba inflado.

¿Mi presupuesto tiene que cumplir algo de VeriFactu? VeriFactu mira los sistemas con los que se expiden facturas, y un presupuesto no es una factura. La pregunta completa, con sus matices, está en si los presupuestos llevan VeriFactu.


Cuando el presupuesto se acepta, lo que viene detrás es papeleo: así está pensada Deva, para que de ahí salga la factura sin volver a escribirlo todo. Mientras tanto, VeriFactu explicado sin líos.

Una conversación de móvil con los cuatro mensajes que un cliente escribe cuando el presupuesto no se explica solo, y al lado la línea que se los ahorra. Arriba, el criterio: cada duda que tu presupuesto no contesta es un mensaje que retrasa el sí. Primer mensaje del cliente, ¿esto qué incluye exactamente?, y enfrente la línea que lo evita, el detalle de lo que vas a hacer, tarea por tarea. Segundo mensaje, ¿y la pintura entra o va aparte?, y enfrente, lo que no incluye, escrito antes de que lo pregunte. Tercer mensaje, ¿ese precio es con IVA?, y enfrente, si el precio lleva IVA o no y, a un particular, siempre el total con IVA. Cuarto mensaje, ¿para cuándo lo tendrías?, y enfrente, cuándo puedes empezar, cuánto te lleva y hasta cuándo mantienes ese precio. Abajo, una nota aparte, el precio no es lo primero que mira, es lo último, porque para comparar precios primero tiene que entender qué está comparando. Y la línea de cierre, un presupuesto no gana por barato, gana porque se entiende a la primera.
Cada mensaje de esta conversación es un día sin respuesta. Todos se escriben antes, en el presupuesto.

Preguntas frecuentes

El detalle de lo que vas a hacer, lo que no entra en ese precio, el precio (a un particular, con el IVA incluido), cuándo puedes empezar y cuánto te lleva, y hasta cuándo mantienes esa cifra. No hay un modelo único, pero en algunos casos la ley fija lo mínimo que debe llevar: por ejemplo, en los talleres de vehículos, en la reparación de electrodomésticos o, en Cataluña, en cualquier servicio cuyo precio el cliente no pueda calcular. Por encima de eso, lo que decide si te lo aceptan es que el cliente entienda qué está comprando.